Ideas para defender tu fe en las redes sociales

La evolución de los medios digitales siempre nos expone a nuevos escenarios y abre caminos a la multiplicidad de voces, formatos, ideologías y estilos de vida, generando tendencias en el consumo y muchas veces, todo esto acompaña serios cambios sociales, culturales y económicos en países de todo el mundo. En contraposición, las redes sociales también han provocado en el mundo entero un “activismo de tribuna”, que desde la comodidad del sillón, en medio de su jornada laboral o mientras prepara la cena para la familia, impulsa debates y agita ideas que nunca llevará a la acción… y aquí llega una pregunta clave para nosotros: ¿Cómo hacemos los cristianos para defender la verdad del Evangelio frente a las discusiones incongruentes, sin fundamento y que buscan imponer una media verdad o quizás defender una posverdad?; ¿de qué forma hacemos defensa de los valores cristianos sin caer en la trampa del agravio, la descalificación y el menosprecio que impera en plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y medios digitales masivos?

Hagamos un poco de historia: el inicio de las redes sociales en Latinoamérica nos lleva a los años 2008/2009 y a Facebook como el gran exponente y dominador absoluto de la escena que nos daba la posibilidad reunirnos en pequeñas comunidades con personas que tenían gustos, vivencias e intereses similares. En esos Grupos compartíamos nuestras experiencias con textos, fotos y videos, recursos que nos permitían interactuar hasta el cansancio. Esas comunidades, nos acercaban de forma directa y sin discusión, a recuerdos, historias y experiencias que formaban parte de nuestra vida. En ese espacio no había discusiones acaloradas -salvo excepciones, claro-, pleitos y descreimiento de la verdad compartida en el grupo.

Pasado el tiempo, el mismo crecimiento de los usuarios y las inmensidad de publicaciones, nos llevaron a darle un uso más exclusivo y especial a cada plataforma con el fin de no “contaminarnos” de aquello que no nos hacía bien y producía conflicto a nuestra integridad de corazón y espíritu. Todos conocemos historias de peleas de amigos o familiares que luego de un cruce en redes sociales, ya no se hablan o evitan cruzarse y esto nos lleva a enfrentar un paradigma de estos tiempos: el mundo real. ¿De qué se trata esto? De que todo lo que hagamos en el mundo virtual puede influir en el mundo físico y todo lo que hagamos en el mundo físico puede influir en el mundo virtual… nada queda sin consecuencias.

Frente a este escenario: ¿Cómo defendemos la Palabra de Dios y su verdad, cuando nos mostramos lejanos y apáticos a conciliar posiciones?; ¿Cómo debe reaccionar un hijo de Dios ante situaciones de rechazo, hostigamiento y difamación?.

Los medios digitales nos dan la posibilidad de alcanzar a miles y millones de personas, podemos ser certeros para dar el mensaje según edad, sexo o región geográfica, y también contamos con herramientas para generar vínculos personales y compartir el amor de Jesús, pero cuando nuestro uso de las redes sociales -personales o de organizaciones- se envuelve en debates y requiere una fuerte defensa para expresar la verdad de Dios, no podemos accionar de la misma forma que los que no conocen la Palabra. Es por eso que quiero que veamos algunos puntos prácticos que nos ayudarán a usar las plataformas online con efectividad y así ver los frutos de nuestra fe:

Siempre van a estar. Los que quieran discutir tu posición, siempre van a estar. Los que quieran contraponer tu verdad, tu mensaje y tu forma de vivir, siempre van a estar, y para esto hay una salida simple: reconocer que siempre te que quieras exponer una verdad bíblica o dar un mensaje Cristocéntrico, recibirás oposición. Nunca tomes estos mensajes de forma personal, ni dejes crecer enojo ni amargura en tu corazón. Es muy necesario estar firmes en Cristo a la hora de elegir los medios online para compartir y defender el Evangelio.

Las redes sociales son MEDIOS. Ni más ni menos que eso, son vías para comunicar, son plataformas que están en el medio, entre tu mensaje y el receptor que leerá, verá o escuchará lo que tenés para decir. Quizás esto parece sencillo de ver y reconocer, pero hay algo especial que se esconde, y es que cuando reconocemos que un medio no funciona por completo para poder exponer la verdad de la Palabra, podemos sumar otro medio para ser efectivos. Por ejemplo, una exposición que solo tiene texto, se la puede complementar con videos de YouTube, Podcast, notas en sitios web, charlas en privado por WhatsApp, etc. Nunca pierdas la visión de que al usar medios digitales, siempre tendrás la oportunidad de apoyarte en distintos formatos.

Hipersensibilidad. La cuarentena hizo crecer la sensibilidad, por lo que el enojo, la discusión y el rechazo, están siempre latentes en las plataformas online. Por esta situación, si vas a dar un mensaje, dalo con amor, si vas a defender el Evangelio, hacelo con compasión. Rendí a Dios tus sentimientos y tus formas, para que pueda verse el amor y la compasión en cada publicación. Siempre debemos priorizar la relación por sobre la razón y permitir que el Espíritu Santo obre en los corazones. Frente a este contexto, se vuelve imprescindible orar, antes de avanzar.

Fake News y Posverdad. La posverdad nos habla de una distorsión de la realidad que se hace de manera deliberada y las Fake News son lisa y llanamente noticias falsas que buscan engañar y/o desprestigiar hechos o personas de forma intencional; por lo general estos dos recursos aparecen cuando ya no hay una verdad donde afirmarse y es allí donde la defensa de la Palabra de Dios en las redes sociales se torna emocionante, y por qué digo esto: porque la Palabra es vida, acción, poder, movimiento y entusiasmo, y todo esto trae consecuencias y es allí donde quiero que nos enfoquemos.

Enfrentamos un mundo relativista, donde las medias tintas, la opinión, la ideología y los gustos personales proliferan con fuerza, pero nada de todo esto puede rebatir UNA HISTORIA DE VIDA, UN TESTIMONIO.

En Romanos 1:16 podemos leer una definición perfecta de lo que es el Evangelio: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios” . El Evangelio no es una idea, ni un movimiento, ni una tendencia, es PODER y si es PODER, como todo verbo, en su esencia tiene la capacidad de hacer, provocar, renovar, revitalizar y cambiar. Entonces, ¿Cómo podemos ejercer la apologética en este mundo de relativismos? Con historias de cambios, transformaciones y nuevos comienzos. Siempre recuerdo el consejo de Osvaldo Carnival, mi Pastor: “Todos pueden rebatir tus ideas, pero nadie puede negar tu testimonio” y creo que desde allí nace una fuerte defensa de lo que Dios es y puede hacer en corazones que se rinden a Él.

Quiero ilustrar esta idea con lo que sucedió con el “ciego de nacimiento”, Jesús y los fariseos. Esta historia se encuentra en Juan 9:1-34 y les propongo que lean estos versículos con un tono de redes sociales, como si fueran comentarios de una publicación en Facebook, donde el el ciego afirma que Jesús lo sanó y varias personas -vecinos y fariseos- discuten sobre lo sucedido; se vuelve gracioso, interesante y profundamente revelador.

Allí leemos la defensa del poder de Dios pero no desde las ideologías o pensamientos, sino desde una historia personal, irrefutable y con testigos que afirman lo vivido. Hasta podrán leer casi un paso de comedia versículo 27…

Creo que como hijos de Dios tenemos una gran oportunidad frente a los desafíos a los que nos enfrentamos cada día en las redes sociales y otros espacios online, y esta nos puede ayudar a construir una apologética firme, férrea, basada en fundamentos del conocimiento bíblico pero también con evidencias del Poder de Dios. Ahora, nada de esto se logra sin una relación personal con el Espíritu Santo, que nos equipa, enseña y empodera para ver obrar a Dios a través de lo que hacemos. Los frutos del Espíritu Santo detallados en Gálatas 5:22-23 deben verse al publicar, comentar o hablar por privado en cualquier red social.

No hay que temer, hay esperanza. Nos enfrentamos a más de 3 mil millones de personas en estas plataformas y todos necesitan un Salvador. Que nuestra decisión sea utilizarlas con creatividad, valor y eficacia. Dios nos preparó para este tiempo, nos trajo hasta aquí para que toda lengua, nación y criatura conozca de su amor.

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