Dime cómo escribes y te diré tú alcance,
muéstrame tu imagen y te diré tú impacto.

Esta frase sintetiza mucho de lo que pasa hoy en día en las redes sociales al momento de crear contenidos y necesitamos -quiénes estamos al frente de la comunicación de iglesias- dejar de lado la vorágine del día a día y tomar tiempo para analizar qué estamos diciendo y cómo lo estamos mostrando.

Yo me considero un luchador de la buena escritura, del respeto a las normas ortográficas y sabueso del error ajeno para ayudar a saldarlo. Conozco mucha gente así y me gusta que cada vez seamos más, pero a veces el desaliento nos llega por gacetillas mal escritas, publicaciones sin puntos y organizaciones que detallan sus tareas con poca experticia. Quizás es duro lo que digo, pero nuestro nivel tiene que ser de excelencia y no de conformismo; quiénes dan ENTER a una publicación deben estar seguros de que allí no hay errores y que la frase, crónica o nota está 10 puntos, porque del otro lado hay personas que deciden y empatizan con contenidos de calidad y no con recursos mediocres. Bendiga no va con “v”, Dios es con “D” mayúscula y oración lleva tilde.

Claro que uno se puede equivocar y editar una publicación, es normal, muchas veces nos puede pasar, pero lo que NO NOS PODEMOS PERMITIR, COMO PERSONAS QUE LLEVAN UN MENSAJE TAN PODEROSO, PERDER AUDIENCIA POR ERROR DE ORTOGRAFÍA. Este es un llamado a no decir “quién se va a dar cuenta”, “Dios me dijo que esto es así y salió como salió” o tantas excusas que he escuchado.

Asumamos que quiénes nos leen son personas que buscan hasta el detalle mínimo para criticarnos, somos blancos fáciles para ellos pero con una buena escritura podremos preparar contenidos que sean cercanos, emotivos y únicos para presentar al mejor de to- dos: JESÚS.


Extracto del libro “De la Iglesia a las masas”
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